“Una jaula fue en busca de un ave”

Es un aforismo de Franz Kafka, claro. Roberto Calasso define estos supuestos (así llamados) aforismos como

«esquirlas de meteoritos caídos en regiones desérticas».

Como frase (y definición) no kafkiana, me parece bien. Kafka escribió estos aforismos durante su estancia en Zürau, en casa de su hermana, donde fue a reposar su tuberculosis. La enfermedad, como una amante, le distrae de sus preocupaciones. «Nunca me he sentido mejor en lo que a la salud se refiere…», le escribiría a Oskar Baum, a mediados de noviembre de 1917. Kafka estuvo en Zürau desde septiembre, hasta abril de 1918. Fragmento de otra carta:

Querido Félix, el primer gran defecto de Zürau: una noche de ratas, una experiencia horrorosa. He salido ileso y mis cabellos no están más blancos que ayer, pero ha sido la cosa más horrible del mundo. Desde hace ya un tiempo venía oyendo de vez en cuando […] de noche había oído un roer sordo, incluso una vez me levanté, temblando, para inspeccionar, pero enseguida se interrumpió -pero esta vez era un estruendo. Qué pueblo espantoso, mudo y ruidoso. A las 2 me despertó un rumor cercano a la cama y, desde ese momento, no ha parado hasta por la mañana. Encima de la caja de carbón, debajo de la caja de carbón, carreras en diagonal por el cuarto, trazando círculos, royendo la madera, silbando ligeramente durante las pausas y, junto a eso, siempre el sentido del silencio, del trabajo clandestino de un pueblo orpimido, a quien pertenece la noche.

Y otra:

A las ratas las ahuyento con el gato, pero ¿qué ahuyenta al gato? Naturalmente tampoco tienes nada en contra de los caníbales, pero si de noche aparecieran deslizándose desde debajo de todos los armarios y rechinasen los dientes, sin duda, ya no podrías sufrirlos. Por otra parte, intento ahora yo también tranquilizarme, me obligo a mirar, en mis paseos, las ratas de los campos, que no son malvadas, pero mi habitación no es un campo y el sueño no es un paseo.

Un genio… Si se sigue el número de los aforismos, tal y como aparecen manuscritos en el cuaderno, el de la jaula es el número XVI. Kafka definió su mirada de esta época como

«un ojo que simplifica hasta la desolación total…».

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