{"id":6389,"date":"2020-10-04T19:34:10","date_gmt":"2020-10-04T19:34:10","guid":{"rendered":"https:\/\/www.edicionesfranz.com\/?p=6389"},"modified":"2023-06-08T17:58:05","modified_gmt":"2023-06-08T17:58:05","slug":"una-tarde-de-libros-con-marta-sanz-pregon-de-avelino-fierro-para-la-feria-del-libro-de-leon-2019","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.edicionesfranz.com\/?p=6389","title":{"rendered":"Una tarde de libros con Marta Sanz. Preg\u00f3n de Avelino Fierro para la Feria del Libro de Le\u00f3n 2019"},"content":{"rendered":"<div class=\"wpb-content-wrapper\"><p>[vc_row unlock_row_content=\u00bbyes\u00bb row_height_percent=\u00bb0&#8243; override_padding=\u00bbyes\u00bb h_padding=\u00bb7&#8243; top_padding=\u00bb5&#8243; bottom_padding=\u00bb5&#8243; back_color=\u00bbcolor-184509&#8243; overlay_alpha=\u00bb50&#8243; equal_height=\u00bbyes\u00bb gutter_size=\u00bb0&#8243; column_width_percent=\u00bb100&#8243; shift_y=\u00bb0&#8243; z_index=\u00bb0&#8243; uncode_shortcode_id=\u00bb181869&#8243; back_color_type=\u00bbuncode-palette\u00bb][vc_column column_width_percent=\u00bb100&#8243; position_horizontal=\u00bbleft\u00bb position_vertical=\u00bbmiddle\u00bb gutter_size=\u00bb3&#8243; overlay_alpha=\u00bb50&#8243; shift_x=\u00bb0&#8243; shift_y=\u00bb0&#8243; shift_y_down=\u00bb0&#8243; z_index=\u00bb0&#8243; medium_width=\u00bb0&#8243; mobile_width=\u00bb0&#8243; width=\u00bb1\/1&#8243; uncode_shortcode_id=\u00bb562912&#8243;][vc_custom_heading heading_semantic=\u00bbh4&#8243; text_font=\u00bbfont-909954&#8243; text_size=\u00bbh4&#8243; text_weight=\u00bb500&#8243; uncode_shortcode_id=\u00bb115461&#8243;]Una tarde de libros con Marta Sanz. 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En esa especie de contrato nada tenemos escrito, es un pacto entre caballeros, un pacto de buena voluntad, pero de cuando en cuando me pongo a hacer c\u00e1lculos y a recordar. Y a anotar en el Libro de Cuentas. Y en el \u201cdebe\u201d aparecen muchos d\u00edas y horas, todas mis deudas: amaneceres y noches sin sentido, leyendo y buscando consuelo. Yo me alejaba de la vida o de cualquier valle de l\u00e1grimas gracias a ellos. Me llevaban lejos, pod\u00eda estar en el cuartucho de una buhardilla de Par\u00eds, o en pa\u00edses de ultramar, o sentado en una nube escrutando el porvenir o descifrando entre l\u00edneas un inc\u00f3modo silencio. De todos esos frutos, goces y rentas he podido disfrutar sin que me hayan reclamado estipendio alguno.<\/p>\n<p>S\u00ed, a veces he pensado \u2013casi de la manera como dice un poeta que ha heredado un \u00e1rbol sobre la tumba de los reyes\u2013 en la desmesura de los libros, como si se tratase de las nubes inconmensurables, y en esa manera sigilosa que tienen de colmar el vac\u00edo. Y c\u00f3mo te advierten de que este mundo aparentemente quieto no cesa de girar. A finales de oto\u00f1o hay cambios en el aire, y volutas del humo de los fuegos que consumen la hojarasca y motean los restos del p\u00e1lido verano; el color del bosque rezuma de caprichos y los frutos se corrompen. Eso lo ve mejor que nadie el poeta, el poeta al que lees y que te dice, como<b>\u00a0Gottfried Benn:<\/b>\u00a0\u201cmira esta \u00faltima hora mendaz, nuestra visi\u00f3n del Sur abovedando el cielo\u201d. Y en la noche sus palabras cual una estrella polar no cesan de orientarte. Ha sucedido este pasado fin de semana, en un puerto del norte. Mir\u00e1bamos el mar, y yo recordaba los versos finales de\u00a0<i>Transmisi\u00f3n nocturna<\/i>, el poema de<b>\u00a0Elizabeth Bishop<\/b>:<\/p>\n<blockquote><p>\u201cCinco remotas luces rojas<br \/>\nconservan su ruido all\u00ed; aves f\u00e9nix<br \/>\nque arden en silencio, donde el roc\u00edo no alcanza\u201d.<\/p><\/blockquote>\n<\/div>\n<div class=\"grid__item one-whole portable--auto lap--auto palm--auto top-no-padding bottom-no-padding \" data-style=\"\">\n<p>Tambi\u00e9n hubo instantes en que, leyendo, un puro presente asolaba mi vida, y hundido entre los versos no quer\u00eda mirar m\u00e1s all\u00e1. Yo le\u00eda entonces un poema de<b>\u00a0Cernuda<\/b>\u00a0sobre unos cuerpos en sombra, y el sol desplegaba sus estandartes rojizos sobre el atardecer. \u00bfSab\u00e9is que a veces, al leer, he conseguido detener el tiempo? Esa maquinaria de ruedas dentadas, poleas y p\u00e9ndulos en la que nacen las horas me ha dejado de importar. Y que antes de que la tragedia ocurriera, que el mundo se detuviera, un arc\u00e1ngel mensajero me ha venido a veces a visitar, a pedirme que no siguiera poniendo palos en las ruedas de la f\u00e1brica de la eternidad. Charlamos, y a veces me cuenta que viene de aplacar otras miradas como la m\u00eda, de lectores m\u00e1s o menos severos, del que lleva varios d\u00edas vagando por desiertos de Oriente y por palacios de m\u00e1rmol, de otro que al recordar el poema que comienza \u201cPero aunque el resplandor de los d\u00edas pasados \/ se aleje para siempre de mi vista \/ aunque ya nada pueda devolvernos la gloria \/ en la flor, el esplendor en la hierba\u2026\u201d no cesaba de llorar, de un muchacho que remonta el r\u00edo en busca de plantaciones de algod\u00f3n, y de otro m\u00e1s que relee constantemente la historia de<b>\u00a0Hans Castorp<\/b>\u00a0que relata\u00a0<b>Thomas Mann<\/b>.<\/p>\n<p>Claro que queremos la droga de la lectura para acunarnos, que quisi\u00e9ramos a veces vivir siempre esa dulce disoluci\u00f3n en vano. Pero los lectores entendemos que la vida es otra, que los sue\u00f1os disfrazan y arruinan la verdad, que la verdad es a menudo la inclemencia de los d\u00edas, las vergonzosas noches de amor sin deseo y de deseo sin amor. Pero, si lees, todo eso hace menos da\u00f1o. Puedes ensimismarte en el presente. O en el recuerdo: \u201cRegresa con frecuencia y t\u00f3mame; \/ amada impresi\u00f3n, regresa y t\u00f3mame, \/ cuando despierte la memoria del cuerpo \/ y un antiguo deseo vuelva a transitar la sangre\u2026\u201d. Hasta en el sue\u00f1o \u2013como en el poema de\u00a0<b>Mandelstam<\/b>\u2013 persiste esa libertad, las velas desplegadas de las naves de\u00a0<b>Homero<\/b>\u00a0y sus espumas te llegan a salpicar.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"grid__item one-whole portable--auto lap--auto palm--auto top-no-padding bottom-no-padding \" data-style=\"\">\n<p>He dejado parte de mi vida entre los brazos y el susurro de las hojas de papel de los libros. Como suaves amantes han sido; de distintas pieles, tactos y olores. Como vigas que han apuntalado una casa en la memoria; como ojos a punto de quebrarse, como silencios que sigo siempre escuchando, como ondas de agua que se forman al arrojar una piedra en el estanque y que vuelven desde el pasado. Los libros me acompa\u00f1aron hasta un caser\u00f3n en Iztea y a la mas\u00eda de<b>\u00a0Josep Pla<\/b>. Gracias a ellos he podido caminar por las calles de Siracusa por las que transit\u00f3 el divino\u00a0<b>Plat\u00f3n;<\/b>\u00a0o por las de\u00a0<b>Petrarca<\/b>, que escribi\u00f3: \u201cEstoy pose\u00eddo de una codicia inextinguible\u2026 No puedo saciarme de libros [\u2026] Los libros nos alegran las m\u00e9dulas, hablan con nosotros, se nos apegan con una viva e inteligente familiaridad\u201d. Estoy tan en deuda\u2026<\/p>\n<p>Seguimos leyendo. Y tras aquellos libros del oto\u00f1o vino el invierno. Y de nuevo noviembre, para saber que es el mes que m\u00e1s quiere\u00a0<b>Claudio Rodr\u00edguez<\/b>, porque conoce su secreto, la calidad de su aire, que es canci\u00f3n, casi revelaci\u00f3n. Y en ese mes, mucho m\u00e1s al Norte, sabemos por otro poeta que las casas entre el bosque sienten la constelaci\u00f3n de los clavos que mantienen unidas sus paredes, y que las ventanas del hospicio brillan como pantallas de televisores. Y que en esos d\u00edas el recuerdo azuza su pasado m\u00e1s feroz. Siempre en los suburbios hay m\u00e1s fragilidad, la luz mortecina traspasa a veces los muros y s\u00f3lo el amor y los libros hablan todas las lenguas de los hombres y los \u00e1ngeles. En el poema est\u00e1 la paciencia y la afabilidad, no es ego\u00edsta ni se irrita, no lleva cuentas del mal. El amor no pasa nunca. Poco importa c\u00f3mo sea. A veces se parece a una canci\u00f3n. Como en el poema de\u00a0<b>Auden<\/b>, escrito para el cabaret de\u00a0<b>Hedli Anderson<\/b>. Unos nos dicen que hace girar el mundo, que tiene el tacto punzante de un espino o puede que la suavidad de un almohad\u00f3n. O que puede que cambie nuestra vida, a fin de cuentas. Todo eso est\u00e1 en los libros. Aunque no seamos nada, no queramos ser nada, gracias a ellos tenemos todos los sue\u00f1os del mundo. Podemos o\u00edr al ruise\u00f1or de\u00a0<b>Keats<\/b>\u00a0\u2013el mismo que oyeron el emperador y sus bufones\u2013, o sentir la inseguridad de\u00a0<b>Rilke<\/b>\u00a0al mirar con \u00e9l el \u00faltimo lugar de las palabras, que est\u00e1n sobre las cumbres del coraz\u00f3n\u2026<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"grid__item one-whole portable--auto lap--auto palm--auto top-no-padding bottom-no-padding \" data-style=\"\">\n<p>Leemos desde la infancia, contra la nada, en secreto, a la luz de una linterna bajo las s\u00e1banas. Puede que con el coraz\u00f3n a borbotones o los ojos llenos de l\u00e1grimas. Cuentan que habiendo o\u00eddo de la lectura tantas bondades, un agrimensor incr\u00e9dulo quiso explicarlo. Estudi\u00f3, anot\u00f3, colore\u00f3, puso cables por nuestras cabezas. Y cont\u00f3 59 \u00e1reas del cerebro que se conectaban con la producci\u00f3n de la inteligencia. Y al ver la televisi\u00f3n cinco de ellas se alumbraban. Y m\u00e1s de cuarenta al escuchar la m\u00fasica. Y todas cuando los ojos se posaban en las p\u00e1ginas de un libro. Eso nos sucedi\u00f3 de ni\u00f1os al leer a\u00a0<b>Salgari<\/b>\u00a0\u2013que muri\u00f3 pobre en el norte de Italia\u2013 y al desplegar nuestro mapa del tesoro en el que estaban las playas de La Herradura y el lugar en el que hab\u00eda atracado el barco de\u00a0<b>Francis Drake<\/b>. Y le sucedi\u00f3 a\u00a0<b>Borges<\/b>, el ciego, que oy\u00f3 en los libros, bruscamente en una tarde, el ruido de la lluvia que sin duda sucede en el pasado. Y a\u00a0<b>Gil de Biedma<\/b>, que sinti\u00f3 la especial sonoridad del aire, siendo adolescente, al dejar el balc\u00f3n abierto una noche de verano.<\/p>\n<p>Est\u00e1bamos leyendo y se ha pasado sin sentir la primavera. \u00bfVeis lo que sucede? El tiempo no importa. Puede que ahora, leyendo, acabemos de dejar arroj\u00e1ndose al tren a<b>\u00a0Anna Karenina<\/b>, que le\u00eda a la luz de una linterna, como nos dice<b>\u00a0Ricardo Piglia<\/b>. Y tambi\u00e9n a\u00a0<b>Emma Bovary<\/b>, que lee para conjurar el presente, o en busca del tiempo perdido. Lee alumbr\u00e1ndose con la pantalla del quinqu\u00e9. Esa luz de la linterna, dice\u00a0<b>Piglia<\/b>, es la met\u00e1fora de la luz del lector, del aislamiento del lector en la oscuridad. La realidad est\u00e1 del lado de la l\u00e1mpara; lo irreal y lo fant\u00e1stico est\u00e1n del lado del libro.<\/p>\n<p>Pero quiz\u00e1 no sea as\u00ed en todo caso, porque\u00a0<b>Rimbaud<\/b>\u00a0nos dice haber visto el sol poniente tachonado de horrores m\u00edsticos, y fermentar los pantanos y archipi\u00e9lagos siderales. Y lunas atroces y soles amargos. Y yo le creo. Y\u00a0<b>Larkin<\/b>, en el poema \u201cViernes por la noche en el Royal Station Hotel\u201d, ve las l\u00e1mparas que alumbran pasillos sin zapatos, y papel con membrete hecho para escribir a casa (si hubiera casa) cartas desde el exilio. Y finaliza escribiendo: \u201cCae la noche. Las olas se pliegan detr\u00e1s de las aldeas\u201d. Y yo le creo. Y\u00a0<b>Transtr\u00f6mer<\/b>\u00a0percibe un mundo sordo y una grieta por la que los muertos en el solsticio de invierno traspasan la frontera. Y yo le creo. Porque es as\u00ed como hasta aqu\u00ed, hasta cualquiera de nosotros, llega el canto de los muertos. Y podemos volver a lo perdido, a los a\u00f1os encendidos, al despertar de la tristeza, a los ojos de nuestros hijos oy\u00e9ndonos leer, y saber que ellos vagaban \u2013como lo hicimos nosotros\u2013 por mundos fabulosos con una intensidad que nunca fue despu\u00e9s igual. Yo tambi\u00e9n he podido ver \u2013perdonadme\u2013 en un d\u00eda g\u00e9lido de invierno en mi ciudad, disfrazada de repartidora de Correos, a\u00a0<b>Susan Sontag<\/b>\u00a0y c\u00f3mo me sonre\u00eda, y a\u00a0<b>Toni Judt<\/b>\u00a0saludarme con la mano llena de holl\u00edn un poco despu\u00e9s; \u00e9l y yo sab\u00edamos que ven\u00eda de escribir ese hermoso cap\u00edtulo \u201cAusteridad\u201d, que est\u00e1 en\u00a0<i>El refugio de la memoria<\/i>. Eso sucedi\u00f3 hace ya un tiempo. Como libros le\u00eddos han pasado los a\u00f1os.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"grid__item one-whole portable--auto lap--auto palm--auto top-no-padding bottom-no-padding \" data-style=\"\">\n<p>As\u00ed sigue estando mi vida, pactando con ellos, haciendo acopio de briznas o r\u00e9ditos de consuelo para el futuro.<\/p>\n<p>Y se escribe porque se lee. \u00bfVerdad,\u00a0<b>Marta<\/b>? Y hemos conocido y temido a las p\u00e1ginas en blanco. A las horas muriendo mientras buscamos las palabras. Por ello yo tambi\u00e9n me he atrevido a veces a escribir sobre esta ciudad, sus amaneceres y las rayas l\u00edvidas y rosadas de muchas madrugadas, sobre noches ateridas y p\u00e1jaros en sombra y antenas desplumadas, sobre el ruido de seda rasgada que dejan los coches al pasar cerca de mi ventana los d\u00edas de lluvia, sobre el murmullo de los edificios y el olor que dejan en algunas habitaciones los cuerpos de los amantes. Sobre los bosques y el vuelo de las \u00e1guilas. Sobre las nubes, los \u00e1lamos y la luz, que a veces nos entristece y nos hace a\u00f1orar los d\u00edas de ayer. La luz, describir la luz, que es para m\u00ed una obsesi\u00f3n.<\/p>\n<p>Y describir otros secretos que est\u00e1n en el aire, remolinos de polvo en un patio donde se esconde un trozo de eternidad. O sobre el tiempo. Que puede manar del cielo \u2013como en uno de los cuentos de\u00a0<b>Andrzej Stasiuk<\/b>\u2013 derram\u00e1ndose como una miel perezosa y salpicar el caparaz\u00f3n met\u00e1lico del pavimento. Todo eso podemos dibujar y tambi\u00e9n mirar a trav\u00e9s de los libros. Todo est\u00e1 en los libros.<\/p>\n<p>Yo s\u00e9 que si leemos sabremos mejor qu\u00e9 quiso decir\u00a0<b>Blas de Otero<\/b>\u00a0en ese hermoso poema que titul\u00f3 \u201cParece que llueve\u201d, y escribe que el aire se llena de \u201cees\u201d, de letras d\u00e9biles, indecisas, o por qu\u00e9 es posible que don\u00a0<b>Francisco de Quevedo<\/b>, retirado con pocos doctos libros juntos, escuche con sus ojos a los muertos. Y hasta nosotros puede llegar la \u201cabigarrada hermosura\u201d del poema de\u00a0<b>Hopkins<\/b>, \u201cGloria a Dios por las cosas manchadas\u2026\u201d.<\/p>\n<p><b>Arist\u00f3teles<\/b>, oponi\u00e9ndose a\u00a0<b>Plat\u00f3n<\/b>, rehabilit\u00f3 a la poes\u00eda. La literatura y la lectura proporcionan placer e instruyen. El hombre aprende por mediaci\u00f3n de la literatura entendida como ficci\u00f3n, como representaci\u00f3n e imitaci\u00f3n, y en eso se diferencia de otros animales. Recuerda\u00a0<b>Steiner<\/b>\u00a0que el libro es \u201cla vida misma, la sangre de los grandes esp\u00edritus\u201d, en la expresi\u00f3n de\u00a0<b>Milton<\/b>.<\/p>\n<p>La literatura libera al individuo de su sometimiento a las autoridades \u2013pensaban los fil\u00f3sofos\u2013 y es remedio contra el oscurantismo religioso. La literatura y la lectura contribuyen, son el magma esencial en el que crecen y se pueden desarrollar la democracia y la libertad, la justicia y la igualdad. Los libros nos hacen libres. Son nuestra educaci\u00f3n sentimental, con ellos se desarrolla en nosotros una personalidad aut\u00f3noma. Dec\u00eda\u00a0<b>Samuel Johnson<\/b>\u00a0que la literatura hace a los lectores capaces de gozar mejor de su vida, o de soportarla mejor. Uno, alimentado por la cultura, por las lecturas, puede disfrutar de ese \u201ch\u00e1lito\u201d del bosque del que habl\u00f3<b>\u00a0Wordsworth<\/b>, como tambi\u00e9n visitar Saint Sulpice y ver los murales de<b>\u00a0Delacroix<\/b>. Ya lo dijeron (y no vamos a tener que avergonzarnos de ello)\u00a0<b>Montaigne<\/b>\u00a0o\u00a0<b>Bacon<\/b>: \u201cEl hombre culto vive mejor. La literatura contribuye a la vida buena\u201d.<\/p>\n<p>En aquella iglesia yo record\u00e9 el Par\u00eds que describe\u00a0<b>Josep Pla<\/b>\u00a0y los elogios al pintor que le hace\u00a0<b>Baudelair<\/b>e, y musit\u00e9 la frase del propio\u00a0<b>Delacroix<\/b>\u00a0en sus diarios: \u201cMe pongo a trabajar como los dem\u00e1s corren a casa de su amante\u2026\u201d. Llevaba conmigo esa carga de lecturas, un plano de la zona y una botella de agua. Y sent\u00ed no s\u00e9 si el s\u00edndrome de\u00a0<b>Stendhal<\/b>\u00a0o que una emoci\u00f3n que pod\u00eda palpar me traspasaba. Nos sentimos pose\u00eddos y transformados. Un momento cotidiano, o el acto de mirar, se convierten gracias a la lectura en una epifan\u00eda.\u00a0<i>Cum libellis loquor<\/i>; hablamos con los libros. Y luego volveremos a nuestros asuntos, a esa otra intensidad terrible del vivir. O a la monoton\u00eda. De la lectura, de nuestro vicio impune volvemos a la realidad, para estar rodeados quiz\u00e1 de la falta de gusto o de los que hacen cuentas o hablan de que la cultura tiene que ser diversi\u00f3n o espect\u00e1culo. Son los imb\u00e9ciles de los que hablaba\u00a0<b>Bernanos<\/b>\u00a0\u2013citado por\u00a0<b>Steiner<\/b>\u2013 incapaces de usar con tacto y justeza el poder del que ahora disponen.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"grid__item one-whole portable--auto lap--auto palm--auto top-no-padding bottom-no-padding \" data-style=\"\">\n<p>Pero tenemos \u2013lo dice\u00a0<b>Marta<\/b>\u2013 todas esas palabras con nosotros, la cultura, que es herramienta cr\u00edtica para ver, pensar y actuar de otra manera. Lente de aumento o metaf\u00f3rico adoqu\u00edn contra el escaparate. Y seremos lectores de papel como zombis melanc\u00f3licos, pero tambi\u00e9n lectores severos y beligerantes con la estulticia y la vida que pasa. Y no nos dejamos llevar por otros intereses, estamos en paz con nosotros y en guerra contra la ignorancia. Y es lo \u00fanico que nos salva. Del desamor, de las rutinas est\u00e9riles, de la vida y sus migra\u00f1as. No s\u00e9, as\u00ed lo siento. Yo, que he cedido a los libros muchos d\u00edas y noches, gran parte de mi vida. Y puede que hasta mi alma est\u00e9 ya hipotecada.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row unlock_row_content=\u00bbyes\u00bb row_height_percent=\u00bb0&#8243; override_padding=\u00bbyes\u00bb h_padding=\u00bb7&#8243; top_padding=\u00bb5&#8243; bottom_padding=\u00bb5&#8243; back_color=\u00bbcolor-184509&#8243; overlay_alpha=\u00bb50&#8243; equal_height=\u00bbyes\u00bb gutter_size=\u00bb0&#8243; column_width_percent=\u00bb100&#8243; shift_y=\u00bb0&#8243; z_index=\u00bb0&#8243; uncode_shortcode_id=\u00bb181869&#8243; back_color_type=\u00bbuncode-palette\u00bb][vc_column column_width_percent=\u00bb100&#8243; position_horizontal=\u00bbleft\u00bb position_vertical=\u00bbmiddle\u00bb gutter_size=\u00bb3&#8243; [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[29],"tags":[247],"class_list":["post-6389","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-escritores","tag-inspiracion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.edicionesfranz.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6389","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.edicionesfranz.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.edicionesfranz.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.edicionesfranz.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.edicionesfranz.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=6389"}],"version-history":[{"count":11,"href":"https:\/\/www.edicionesfranz.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6389\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":119113,"href":"https:\/\/www.edicionesfranz.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6389\/revisions\/119113"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.edicionesfranz.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=6389"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.edicionesfranz.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=6389"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.edicionesfranz.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=6389"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}