A Esteban le pedí un relato intenso y breve y me envió Brujería, un cuento sobre la adolescencia y su ímpetu/perplejidad/fragilidad ante la vida cruda, un cuento iniciático, «con cierta atmósfera presente en las películas de Gregg Araki», me dijo, lo que, casualmente, impregna su narración de ese tipo de toxicidad contemporánea que yo intuyo y busco, que llamo postweb pero que empezó en el siglo XX, como una vía de escape al paradigma del átomo; el cine y también la música, y los fenómenos extraños, la paranoia, la perversa irrealidad, el porno, el sexo, el sexo, el sexo, intoxican la literatura del milenio como un virus que emerge, muta y se replica en red.

Esteban Castromán nació en Buenos Aires, en 1975. Es escritor y uno de los fundadores de Clase Turista, una propuesta editorial independiente y pulp. Ha publicado los libros 380 voltios (Pánico el Pánico, 2011), Pulsión (Paradoxia, 2011), Fin (VOX, 2009) y El Tucumanazo (Clase Turista, 2012). Está considerado un autor experimental, lúcido y tecnopoético; «se trata de literatura noise», dice él, aquélla que videojuega «con frecuencias y distorsión», aquélla que describe la sensación perturbadora que producen el ruido, la obsesión, la incertidumbre, el miedo.

Así escribe ahora. Si has leído Brujería, lo reconocerás.

 

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