«tecleo y tecleo y tecleo en el ordenador mientras tú duermes y borro todo lo que tecleo y tecleo y tecleo en el ordenador mientras tú duermes y trato de dar forma a este nuevo mundo a esta casa-libro»
Amor cohabitado
Nos invita Juan Ángel Asensio (Madrid, 1994) al espacio doméstico de «esta casa-libro», donde habita un amor que palpita en «lentas mitologías cotidianas». Escrito desde la ontología —«lo que realmente importa es quiénes somos aquí»—, y la pasión —«convertirte en lenguaje molécula de voz y pensamiento tragarte como agua viva»—, Los restos del rayo es un recorrido guiado por un «aquí dentro», por el lenguaje que construye un edificio poético —«estos son los planos / de un verbo solo nuestro».
Nos invita Juan Ángel Asensio (Madrid, 1994) al espacio doméstico de «esta casa-libro», donde habita un amor que palpita en «lentas mitologías cotidianas». Escrito desde la ontología —«lo que realmente importa es quiénes somos aquí»—, y la pasión —«convertirte en lenguaje molécula de voz y pensamiento tragarte como agua viva»—, Los restos del rayo es un recorrido guiado por un «aquí dentro», por el lenguaje que construye un edificio poético —«estos son los planos / de un verbo solo nuestro».
Después de la obra total, cósmica, Antología poética de la especie humana (Franz, 2019), Asensio nos muestra la ternura de la intimidad, pero también los desencuentros de la convivencia, el amor salvífico, pero también la rutina, las confluencias existenciales del «tú» y el «nosotros», que rezuman los muros inexpugnables del «yo». Con ecos de una genealogía literaria amplísima, el poeta nos descubre las estancias del amor cohabitado, ese que es «igual que un fuego / a pesar de todo».
Después de la obra total, cósmica, Antología poética de la especie humana (Franz, 2019), Asensio nos muestra la ternura de la intimidad, pero también los desencuentros de la convivencia, el amor salvífico, pero también la rutina, las confluencias existenciales del «tú» y el «nosotros», que rezuman los muros inexpugnables del «yo». Con ecos de una genealogía literaria amplísima, el poeta nos descubre las estancias del amor cohabitado, ese que es «igual que un fuego / a pesar de todo».






